Hay momentos en los que el mundo parece llenarse de incertidumbre.
Las preocupaciones crecen.
Las fuerzas se agotan.
Y el corazón comienza a perder la esperanza.
Pero cuando todo cambia, Jesús permanece igual.
Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Su amor no depende de las circunstancias.
Su paz no desaparece cuando llegan las tormentas.
Y Su gracia nunca deja de alcanzar a quienes lo buscan con un corazón sincero.
Jesús no prometió una vida sin dificultades.
Prometió estar con nosotros en cada paso del camino.
Cuando sentís que no podés seguir, Él te fortalece.
Cuando el miedo intenta dominarte, Él te recuerda que no estás solo.
Cuando el dolor parece no tener fin, Él te abraza con Su amor y te da una nueva esperanza.
No importa cuál sea tu pasado.
No importa cuántas veces hayas caído.
Jesús siempre está dispuesto a levantarte, perdonarte y darte un nuevo comienzo.
Acercate a Él con confianza.
Leé Su Palabra.
Hablá con Él en oración.
Y descubrí que la verdadera paz no se encuentra en las cosas de este mundo, sino en la presencia de Aquel que dio Su vida por amor a vos.
Porque cuando Jesús ocupa el centro de tu vida, incluso los días más oscuros pueden llenarse de luz.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” — Juan 14:6
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